1 Juan 2:15-17, «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre».
Pueblo de Dios, hay una batalla espiritual por tu atención porque eres aquello a lo que le das tu atención. ¿Con qué está ocupado tu corazón? Hoy parece mucho más fácil encontrar distracción mundana que la dirección Divina. Es mucho más fácil ser entretenido que ser edificado. Es por eso que, al despertar en un nuevo día, muchos toman su teléfono antes de saludar a Dios; por lo tanto, la oración se pospone, la devoción se aplaza y la meditación en la Palabra de Dios se pierde. Si no creas tiempo de devoción, seguramente encontrarás tiempo para la distracción.
Hay una batalla espiritual por tu atención donde el precio es tu afecto; porque donde va la atención, el afecto le sigue. El diablo quiere tomar tu amor hacia Dios y transferirlo a las cosas de este mundo; la lujuria de la carne, la lujuria de los ojos, el orgullo de la vida. El diablo usa lo que nos atrae para distraernos.
Y no faltan las distracciones ni siquiera en la búsqueda de ser semejantes a Cristo. Por eso el apóstol Pablo dijo: «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis». (1 Corintios 9:24).
Jesús mismo alentó a los creyentes a que «cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto» (Mateo 6:6). Necesitas ser disciplinado para deshacerte de aquello que te distrae, para rendirte a Aquél que es suficiente y cuya presencia debe prevalecer en nuestros corazones.
La realidad de esta guerra espiritual no es una razón para tener miedo; es una razón para estar vigilantes, así que velen y oren.
Oración: Señor Jesucristo, ayúdame a reconocer y evitar la trampa de la distracción. Ayúdame a reenfocar mi atención y a permanecer conectado a Ti constantemente. En el nombre de Jesús, amén.