1 Reyes 19:11-12, «El Señor le ordenó: Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí. Mientras estaba allí, el Señor pasó y vino un viento recio, tan violento que partió las montañas y destrozó las rocas, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave susurro».

Dios puede hablar a Su pueblo de muchas maneras. Así como Elías no escuchó la Voz de Dios en la fuerza del viento, el temblor del terremoto o el crujido del fuego, Dios a menudo usa Su suave susurro para hablar a nuestros corazones. Aunque no podemos limitar a Dios en la forma en que habla, una cosa está clara, cuanto más te acercas a Dios, más clara se hace Su Voz en tu espíritu.

La mejor manera de posicionarte para escuchar a Dios es aquietar tu espíritu. Si tu corazón está perturbado, preocupado y agobiado, es probable que seas insensible a lo que Su Espíritu te está diciendo; ¡es por eso que necesitamos cuidar el corazón! Nunca debemos descuidar o quitarle prioridad al proceso de aquietar nuestros espíritus.

El problema que tenemos hoy en día es que fácilmente podemos dar lugar a cosas que contaminan nuestro espíritu y luego nos preguntamos por qué empezamos a desconectarnos de Dios. Pero cuanto más te acercas a Dios, más prioridad le das, cuanto más tiempo pases con Él, descubrirás que espontáneamente tu espíritu se involucra con las cosas de Dios sin que tu mente sea consciente de ello. Pero no hay atajos para la madurez espiritual; por eso tenemos que perseverar en este camino de fe. Si lo buscas con todo tu corazón, lo encontrarás. Él no nos dejará sin guía.

Aunque no podemos determinar cómo Dios nos habla o la manera en que Dios elegirá respondernos cuando oramos, podemos cuidar el corazón al que Dios hablará.

Oración: Señor Jesucristo, gracias por Tu promesa de que te acercarás a mí cuando yo me acerque a Ti. Dame un corazón íntegro que escuche Tu Voz y se someta a Tu Voluntad. En el nombre de Jesús, amén.